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LA PELOTA MÁGICA: CONFECCIONADA PARA TIERRA BATIDA

Descubre qué hace que una pelota de tenis para tierra batida sea tan especial y cómo se diseñó la pelota Roland-Garros de Wilson específicamente para esta superficie.

Bote. Bote. Bote.

El inconfundible sonido de una pelota rebotando en la arcilla roja. Los jugadores corren de un lado a otro, deslizándose y esforzándose por devolver esa pequeña esfera amarilla.

En la tierra batida, la pelota cobra vida propia. Los puntos se alargan como un chicle y el siguiente bote es impredecible. Una mala rotación, y la bola se queda en la red. Un efecto extra y sale disparada fuera de la pista. Cada golpe es una aventura.

Es por ello que las pelotas para esta superficie requieren un diseño especial. Deben ser más pesadas y tener un bote alto y uniforme sobre la arcilla. La pelota Wilson Roland Garros ha sido diseñada precisamente para esto. Su cubierta de fieltro es más gruesa para ralentizarla y que no salga tan disparada. Y su interior hueco y prensado consigue que el bote sea consistente y controlable.

Estas pelotas son las protagonistas ocultas del polvo de ladrillo. Testigo mudas de las batallas épicas en la Philippe Chatrier. Computadoras de los efectos que el jugador imprime. Y, por unos breves instantes, las reinas de la pista antes de volver a posarse en el suelo anaranjado.

¿POR QUÉ SE DEBE UTILIZAR UNA PELOTA DIFERENTE EN UNA PISTA DE TIERRA BATIDA?

Un rebote impredecible en la arcilla roja. Una carrera veloz sobre la hierba verde. Un bote uniforme en el cemento azul. Cada superficie de tenis tiene sus propias peculiaridades. Y la humilde pelota debe adaptarse a todas ellas.

 

En tierra batida, los puntos se alargan como un chicle. La pelota debe soportar interminables golpes ascendentes, mientras se empapa de polvo de ladrillo. Es por ello que las pelotas para esta superficie poseen un diseño único.

 

Su cubierta exterior de fieltro es más gruesa y pesada. Esto produce un bote alto y lento, esencial para el juego en tierra. Además, el núcleo interior es hueco y prensado, lo que le otorga una compresión uniforme. Así se consigue un bote consistente y controlable, golpe tras golpe.

 

En cambio, en hierba y pista dura la velocidad es fundamental. Por ello, estas pelotas poseen una cubierta más fina y liviana, para que salgan disparadas tras el impacto. En el césped, el núcleo es hueco pero no prensado, para acelerar aún más el juego.

Distintas superficies, distintas estrategias, distintas pelotas. Cada una diseñada para sacar lo mejor de cada pista. Y permitir que este deporte tan singular siga evolucionando sobre el verde, el ocre o el azul.

FIELTRO

Un mar de polvo rojizo se extiende ante los jugadores. La arcilla se pega a sus zapatillas, a su ropa, a su piel. Pero la pelota debe mantenerse inmaculada para seguir botando correctamente. Es por eso que las pelotas para esta superficie poseen un fieltro especial en su cubierta exterior. Este tejido de lana más grueso y denso actúa como escudo protector. Limita que la tierra penetre en sus poros y manche el interior.

 

Además, los ingenieros de Wilson han tratado este fieltro para repeler la humedad. La arcilla a menudo está impregnada de agua para mantenerla compacta. Pero demasiada absorción de líquido podría saturar la pelota y volverla extremadamente pesada.

 

Gracias a esto, el fieltro sigue siendo liviano. Y la pelota continúa rebotando de forma consistente y uniforme, punto tras punto, game tras game. Incluso cuando el partido se extiende como un chicle bajo el implacable sol.

Porque en la tierra batida, la pelota no puede darse el lujo de rendirse. Debe seguir botando en medio del polvo eterno, hasta que un ganador se alce sobre el ladrillo.

EL NÚCLEO

Mientras la cubierta exterior debe resistir la tierra, el núcleo interior es responsable de la elasticidad. Y en la arcilla, la pelota debe estirarse como un chicle con cada golpe ascendente. Es por eso que estas pelotas encierran un corazón de caucho 100% natural, ligeramente más duro y resistente. Esta sólida pisca permite que la bola se comprima y expanda una y otra vez, sin perder su forma.

 

Los puntos se suceden, cada vez más largos. La pelota sobrevuela la red cientos de veces como si no quisiera caer. Pero el núcleo sigue intacto, impulsando el juego. Cuando finalmente toca tierra, el caucho se contrae y se prepara para el próximo golpe. No importa cuánto castigue el jugador a la pelota: esta resistirá el partido entero si es necesario. Porque en la arcilla, no hay tiempos muertos. La pelota siempre debe volver al otro lado de la cancha, una y otra vez. Hasta que alguien falle, o sus piernas se rindan. Solo entonces el núcleo podrá descansar, habiendo cumplido su trabajo

WILSON X ROLAND GARROS

Roland Garros, el gran escenario de la arcilla. Desde 1891 los mejores jugadores se dan cita en París para conquistar la tierra roja. Wilson se ha asociado con este histórico torneo desde 2020 como proveedor oficial de pelotas. Cada año se utilizan alrededor de 65.000 pelotas Wilson a lo largo de las intensas jornadas. Es crucial que cada una esté optimizada para brindar el máximo rendimiento sobre la tierra batida.

Para lograrlo, los ingenieros de Wilson realizan exhaustivas pruebas y análisis. Modifican características como el grosor del fieltro o la dureza del núcleo de caucho. Solo así consiguen una pelota con botes altos y uniformes, ideal para el polvo de ladrillo. Wilson y Roland Garros, una sociedad para llevar la magia de la arcilla a cada rincón del mundo. Porque todas las pistas merecen una pelota a su altura.

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